Pethö Sándor

“La muerte no existe, sólo la transformación de la conciencia.”

Sándor se oponía a cualquier forma de exaltación de su personalidad, y tenia un estilo de vida extremadamente sencillo, sin cualquier ostentación, en que valoraba su privacidad. Sin embargo, su historia de vida inspiró la admiración y el respeto de todos los que le conocieron.

Sándor nació en 1916, en Gyertyamos, que era parte de Hungría en el momento, en la actualidad es Yugoslavia. Se crió en Gad, una ciudad de intensos movimientos intelectuales y eventos culturales.  Fue probablemente de este ambiente vibrante que un interés en las artes y la música surgió. Estudió canto lírico, y en un momento pensó en convertirse en un tenor de ópera. Sándor creció en un ambiente estable y refinado, y más tarde se graduó de la Universidad de Medicina de Budapest “Paz Muchos Peter,” en 1943 especializada en Ginecología y Obstetricia.

El comienzo de la Segunda Guerra Mundial trajo una secuencia de acontecimientos dolorosos que interrumpieron su, hasta entonces, la vida tranquila.  El avance de las tropas Rusas obligó a la familia a salir de Hungría en abril de 1945, en busca de seguridad. En este viaje, en una parada de tren en el campo, Sándor desembarcó en busca de agua para su familia, que permaneció a bordo. Tristemente, el tren fue confundido con un tren militar, y fue intensamente disparado contra por las fuerzas aliadas.

Como el único médico presente, Sándor comenzó a asistir a numerosas personas heridas, y trágicamente, las dos primeras víctimas que fueron traídos

a él eran sus padres. En vista de la gravedad de sus lesiones, Sándor dijo: “No puedo hacer nada por ellos. Tráeme las otras personas heridas.”

Después de atender a los heridos, fue a buscar a sus padres, sólo para descubrir que ya estaban muertos. Durante el invierno siguiente, mientras vivia en un campamento de refugiados con sus dos hijos y su esposa Marieta, ella se cayó enferma con neumonía y falleció dentro de una semana.  En menos de un año, Sándor perdió su casa, su país, su esposa y sus padres, y se quedó para cuidar solo a sus dos hijos de dos y tres años.

En ese momento, Sándor estaba trabajando como médico con la Cruz Roja en el campo de refugiados donde se juntó con la familia de Irene y Jozseph Buydoso, ambos educados en esoterismo occidental. Sándor ya estaba interesado en la psicología (sobre todo la teoría de Jung) y la filosofía, y comenzó a estudiar con ellos la filosofía esotérica.

En el campo de refugiados, sin recursos médicos convencionales debido a la escasez de la guerra, Sándor comenzó a experimentar con toques suaves y manipulaciones a las extremidades del cuerpo de los pacientes. Inicialmente exploró los efectos de toques suaves en obstetricia, en particular en los casos de problemas de circulación – asi fue el comienzo de Calatonia. Su objetivo era aliviar los síntomas de varias condiciones, tales como el síndrome del miembro fantasma, quejas psicosomáticas, dolor, etc. Fue de esta manera intuitiva en el cuidado de los pacientes que él inició sus observaciones de los efectos de toques terapéuticos.

Los soldados alemanes muchas veces solicitaban su ayuda como “el médico que quitaba el dolor con las manos.” Sándor les ayudaba con la condición específica de quedarse a solas con el paciente, para proteger a su técnica y garantizar que recibiese el pago mas precioso en el momento – la comida – que despues el distribuía entre los demás refugiados.

Durante los tres años siguientes después de la guerra, Sándor trabajó en hospitales alemanes, donde trató los pacientes poli-traumatizados con las mismas técnicas (tacto suave, Calatonia), pero ahora con los pacientes que padecían de enfermidad psicológicas y neuropsiquiátricas. Trataba los  trastornos de trauma post-guerra y la depresión, ideación suicida, los estados catatónicos, entre muchos otros temas.

Fue a partir de los años de experiencia de trabajo en los hospitales de la posguerra que Sándor inició el “fundamento multidimensional” de su obra, más tarde amplificado en Brasil:

“… (En Brasil) que había una oportunidad de estudiar las investigaciones más recientes sobre la formación reticular, las representaciones vegetativas en la corteza, y el papel de los nervios periféricos propioceptivos. Al mismo tiempo, la cantidad de material psicológico se reunió en Brasil por los colegas que adoptaron el método, sobre todo en la psicología clínica”.

A mediados de los años 50, Sándor enseñó la psicología de Jung en la Facultad de Psicología de la Pontificia Universidad Católica de Sao Paulo (Facultade de Psicologia da Pontificia Universidade Católica de São Paulo). Él también mantuvo los grupos de estudio para los temas relacionados a las técnicas de relajación (Shultz, Jacobson, Reich, y Sándor), a diversos textos de psicología de Jung (traducido por él de Alemán e Inglés) y a lo esoterismo occidental (los libros de Alice Bailey y la astrología). Sándor conocia muy bien la homeopatía, aunque el no era más un médico practicante.

Nunca aceptó el pago de sus estudiantes de astrología y los estudios esotéricos. Sándor explicó que no podía cobrar por una educación que recibió a título gratuito. Hablaba con fluidez y elegancia, portugués, alemán, húngaro, y el Inglés.

Casado desde 1985 con Maria Luiza Simoes, también psicóloga y colaboradora, Sándor dividia su tiempo entre la enseñanza de sus diversos grupos y pacientes privados. Un día normal en su vida comenzaba a las 6:30 de la mañana con su primer paciente, y terminaba a las 9:30 pm con el último grupo de estudio. Él solía pasar cada fin de semana y seis semanas de verano en su rancho en Pocinhos do Rio Verde (cerca de Pocos de Caldas), donde el recargaba a través del contacto con la naturaleza, trabajando tres o cuatro horas al día en el campo.

Curiosamente, en el comienzo del año 1991 Sándor anunció en sus grupos de estudio que tendría “una oportunidad para hacer la transición” (morir) dentro de un año. Siempre sano, brillante, con sentido del humor ligero y buena disposición, Sándor murió pacíficamente mientras dormía el 28 de de enero de 1992, en su rancho.

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